Boulevard


5/27/2008
 


En fin, hay que contenerse un poco.
Yo me debo haber comido hasta la suela de los zapatos por intentar.
Contenerse es un acto bastante impiadoso, en la mayoría de mis casos. Empiezo por el techo, luego por las paredes, y termino cruzado de brazos para no seguir con mis zapatos.
Las manos tiemblan, hace frío, del frío que no es fresco. Es del tipo de frío que te sacude y temblás involuntariamente, estás arruinando tu corazón, pero no importa, porque hay que mantener la cordura.
Hay que someterse, torturarse, dejarse pegar, y listo el trago.
Es muy choto ponerse a buscar respuestas donde no hay.
Ya hice eso de esperar, y esperar, y esperar más. No pasó nada. Pero me quedé esperando, como hacemos todos. Lo último que perdemos antes de derrotarnos por completo es una vaga y añejada esperanza.
Ya me seguí los pasos, revisé cada uno de mis archivos personales, mis activos, mis pasivos, las líneas de gasto que figuran en cada uno de mis pensamientos, y acá sigue uno, siendo parte de su propio corazón. Aunque no quiera, y no tenga ganas, y el miedo te rompa el orto a patadas. Volvemos al frío, que no es fresco.
La ventana se abre de nuevo, mañana va a pasar lo mismo. O no.
No estoy seguro.

off the record
@ 01:11 ˆ
 


5/17/2008
  The same

En mi puta vida me sentí tan identificado con un avión. Literalmente.


off the record
@ 03:36 ˆ
 


5/11/2008
  Undercover
Es la primera vez que me pasa.
Estoy en un momento de absoluta puesta en bolas en el blog, es mi momento. Prácticamente estoy vomitando las palabras y las frases armadas, trilladas, minimizadas.
Las cosas entre humanos son así. Ese “así” sería de las cosas que mantienen una infinita definición: la plastilina a la que nunca terminás de darle forma. El olor que nunca termina de convertirse en tal, el gusto que te desorienta ¿esto es salado, dulce, amargo, o qué?
Hay una minoría de personas que conozco que tienen la URL del blog. Una amiga me dijo un día que nunca terminaba de sacarme la foto. Le pregunté qué significaba eso, y me dijo: “No termino de saber en qué mundo vivís, bla, bla…” Entonces le di la URL de acá, so apuesta de que lo que extrajera, era (es) una buena parte de mí. Hace poco le hice un back up al blog, ese que algunos hacemos antes de sacarlo de la red. Me daba pena perderme momentos. Es claro que a nadie tiene porqué importarle si cerrás, o no. Pero a mí me daba pena eliminar un blog que contenía tres años de puteadas, delirios, fotos seleccionadas, alegrías, y todo eso. Así agarré un disco y garrapateé “boulevard en tres años” y lo guardé en un cajón.
Y después seguí escribiendo. No pude dejarlo. Después de intentar con muchas cosas insanas, cosas que me consumieron de a trocitos, y toda esa perorata de cosas infinitas; escribir siguió siendo lo que me pone no sé si en mi lugar, porque yo no tengo lugar, ni persona, ni nada. Escribir es lo que hace que mis vasos sigan sanos en mi casa, que mi estado humanoide siga funcionando regularmente (trabajar, ducharse, comer, etc.)

Site meter no es un adorno al pie de la página. Es un controlador de visitas que da vagos detalles sobre las personas que caen acá, sea por casualidad, o adrede. El año pasado las visitas bajaron de 30 por semana, a 5. Si la gente pudiera fraccionarse, eso sería 3/4 de visitante por día. Y la gran mayoría eran mexicanos, o gente que googleaba “bajar canción “Me matan limón”, y después se encontraba con esto. O sea, nadie. Nadie que yo conozca, y por tanto, nadie a quien pudiera interesarle lo expuesto en estas memorias. Porque al final, uno visitaba blogs por dos razones: para chusmear qué puso éste, o por vicio de explorar, y de golpe encontrarse con algo que le encantara. Esos blogs – flash que son tremendos en cuanto a prosa / diseño / onda / vanguardia, o lo que sea.
Después (magia, porque yo no visito blogs), las visitas subieron, otra vez. Tipo escalera. De a una por semana.
Todos mis vacíos llenan el blog. Y otras veces el blog llena todos mis vacíos. Mis vicios siguen siendo vicios. Ya abandoné hace rato la postura de ser un tipo despojado de vicios y lleno de cosas buenas para ofrecer. Esas cosas no sirven en este mundo, ahora que hay tanto conflicto existencialista. Prefiero dejarlas para las personas que me rodean en lo cotidiano. Hoy hay mucho delirio personal: para qué estoy, para qué sirvo, para qué voy a dejar que me amen, la vida es pesada y eso trae una larga y espesa bruma de lágrimas. Trae dolor, y el dolor, cuando no está enfundado en lo Divino, no aporta mucho. El dolor es bueno cuando uno aprende a exprimirle el costado espiritual.

La gente que se dedica al psicoanálisis está haciendo fortunas. O por lo menos eso es lo que creo desde que mi terapeuta cambió de consultorio, de auto, de celular, de target.
La frase que me hizo llorar en el libro de Peña no la voy revelar, me da un poco de vergüenza, y a Dios gracias que algo de eso me quedó.

Vuelvo a mí. No puedo revelar (me muero de ganas, pero no me da), muchas cosas reales que me pasan y que superan ampliamente lo que alcanzo a volcar acá. Solamente puedo dejar destellos, chispazos de cosas que vivo y que me sacuden hasta la lengua. Después recordaré de qué hablaba cuando escribía. Estoy cansado, agobiado, pero aún así, “transitable con precaución.”
La lógica nunca se llevó bien conmigo, aunque me diga siempre la verdad.
Los abrazos vacíos que me doy cada tanto son un símbolo de libertad abrumadora. Son el leitmotiv de una soledad mal curada que siento desde que era un púber.
No importa cuánta gente te adore, te llene de cumplidos, de regalos prometedores. Si tu cabeza está llorando por lo que no se puede, todo eso se acaba, tiende a perder su razón de ser.
La fe no tiene un límite predeterminado. Casi siempre se lo ponemos nosotros. Error: uno debería dejar que su fe se expanda hasta donde quiera. Pero me estoy poniendo pesado, y son las 3:41 de la mañana, y tengo una mezcla de un terrible vacío con frío y con sueño.
Aquí me quedo, buenas (bostezo) noches.
Foto: Mariana Del Río

off the record
@ 14:40 ˆ
 


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